¿Cómo se ve la educación autodirigida? Proceso de aprender a leer de Josefa

Josefa a los 4 años, motivada por lo que veía y escuchaba de los primos y de otros niños que iban al colegio, me pidió que le “hiciera tareas”.

Tareas… ¿A qué se refería con tareas? Después de conversar con ella un rato, descubrí que tenía un interés por las letras y quería que le dibujara algunas letras y palabras para copiarlas.

Le dibujé algunas letras, algunas palabras (mamá, papá, tita, nono) y algunos nombres de personas importantes para ella, nuestros nombres y de algunos amigos.

Y se puso a copiarlos, dibujando. Esto duró un par de semanas y luego se puso en pausa ese interés, o al menos eso creí.

Un año después, íbamos caminando por la calle y me preguntó, apuntando una señalética de tránsito: ¿Por qué ahí dice “Sólo buses”? ¿Por qué pueden andar “sólo buses” por ahí?. ¡Oh! Leyó lo que decía en un letrero de la calle y lo entendió, ¡aprendió a leer! Me imaginé que ya empezaría a leer todo lo que se le cruzara por delante, pero no. Después de eso nunca más me leyó en voz alta otra cosa.

El año pasado, cuando ya tenía 6, volvió a dibujar letras combinadas aleatoriamente, y me pedía que le leyera esas palabras, ¡impronunciables! Nos reíamos. Le mostré por qué no funcionaba escribir así, le expliqué que en castellano necesitamos intercalar vocales para que suenen las consonantes y jugamos a armar algunas combinaciones que sí funcionan.

Y así, continuó experimentando combinaciones de letras hasta que un día se le apareció la palabra DEDO y después AJÍ. Ohhhhh, su cara de sorpresa y fascinación. Estaba impactada de haber logado dibujar una combinación de letras que ella sí conocía como palabras. Estaba feliz. De nuevo pensé: ¡¡¡ahora sí que se va a poner a leer y escribir!!!

Pero no. Siguió dibujando letras y combinaciones cada vez más claras y logró algunas otras palabras y ya sabía de memoria las letras de nuestros nombres y de algunos amigos.

En esa época le habían regalado un par de libros de Mafalda. Le encantaba mirarlos, se pasaba horas hojeándolos. Luego descubrió Mafalda en el libro electrónico, se pasaba horas pasando las páginas con su hermana y repitiendo los diálogos que ya se sabían de memoria.

Después de tantas veces de leerle los cuentos y libros, se los ha ido aprendiendo de memoria. El otro día me dijo: mamá, te voy a leer este cuento. Creí que me lo iba a ir contando de memoria ¡Pero no! Empezó leyendo lentamente letra por letra y hasta armar el sonido de la palabra, algunas veces leía un par de letras y ya fluía con la palabra y comenzó a leer cada vez más fluidamente. Leyó la mitad de cuento me pidió que siguiera yo porque se había cansado mucho.

 ¡¡¡¡Ahora si que sí!!!!! Ya está leyendo, juntando las letras y entendiendo lo que lee. De a poco, no se devora los libros, pero casi todos los días está en silencio mirando algún libro, muy concentrada como siempre.

Sin prisa, pero sin pausa.

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