Vicente estaba trepando un árbol frondoso. Santiago empezó a trepar el árbol detrás de él.

V (pegando patadas hacia abajo): ¡Bájate Santiago! ¡No subas!

Santiago siguió trepando. Vicente volvió a gritar y a pegar patadas.

V: ¡¡¡¡¡Quiero estar solo en el árbol más frondoso que hay!!!!! – Dijo gritando muy fuerte

S: ¡¡¡Yo quiero subir!!!!

V: ¡No!

Varignia: Santiago, escuché que Vicente dijo que quería estar solo.

S: ¡Qué me importa! Yo quiero subir – Con tono irritado mientras Vicente continuaba pegando patadas y moviendo las ramas para evitar que Santiago subiera. Y Santiago forcejeaba para poder subir.

Varignia: Vicente, ¿necesitas estar un rato solo?

V: ¡Síiiiiiii! – Mientras tiraba patadas a Santiago.

Varignia: Por favor, ¿podrías dejar de mover las ramas y patear, para que yo pueda hablar con Santiago?

V: Ok.

Varignia: Mmmm, Santiago, ¿tienes muchas ganas de jugar con Vicente?

S: ¡Sí! – Con tono frustrado y al borde de la explosión – ¡¡¡Quiero trepar y jugar con Vicente!!!

Varignia: Ahh, ya veo, tienes muchas ganas de jugar con Vicente y ¿te frustra un poco que te diga que no puedes subir?

S: Síiiiiiiiiii.

Varignia: Me parece que Vicente quiere estar un rato solo subido en el árbol. Quizás podríamos dejarlo un momento y a lo mejor luego estaría dispuesto a jugar contigo en el árbol, ¿te parece?

V: Sí, ¡más rato podría jugar contigo!

S: ¡Ok! – Y salió corriendo a jugar a las telas.

Al validar los sentimientos y visibilizar las necesidades del momento ya podemos liberar tensión. En este momento no “resolví” un conflicto, sólo puse palabras y sugerencias a su disposición,

Vicente sí pudo satisfacer su necesidad de descanso y de autonomía. Luego descubrí que estaba usando eso (subir al árbol más frondoso, contenido y aislado) como una estrategia para autoregularse.

Santiago pudo posponer la satisfacción de su necesidad de conexión y juego al lograr empatizar con Vicente, luego de que pude traducirlas.

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